El conocimiento es poder (y lo tienen otros)
Crecí oyendo que el conocimiento es poder. Lo que no imaginaba es cuánto poder iban a acumular unos pocos con los modelos predictivos.
El conocimiento es poder. O eso se decía cuando yo era pequeño, y de alguna manera he crecido con esa idea: quien tiene la información siempre va un paso por delante. Lo que nunca me hubiese imaginado es la capacidad de control que iban a acabar teniendo unos pocos gracias a los modelos predictivos.
De la negociación al parte del tiempo
A pequeña escala, en una negociación, ser quien tiene el dato clave puede decantar la balanza. Incluso en el día a día, saber algo de otra persona te permite moldear cómo te comunicas con ella para conseguir lo que te interesa, o incluso hacerle cambiar de opinión sobre un tema.
A gran escala, décadas de mediciones del tiempo y del clima nos han permitido construir modelos predictivos que nos dicen si mañana lloverá o hará sol.
Ahora junta las dos cosas.
Tu huella digital
Hoy todo el mundo tiene una huella digital. Incluso en lugares donde falta casi de todo, rara vez falta un smartphone. Eso significa que nuestra información está en algún rincón de Internet, y que probablemente alguna empresa de enriquecimiento de datos ya la ha recogido para construir un perfil de quién eres, qué haces, qué te gusta y qué no.
No hablo de datos sensibles, que también estarán en alguna parte. Hablo de datos corrientes, de esos a los que no das importancia, que una vez agregados sirven para crear modelos de predicción de comportamiento. Y con esos modelos se lanzan campañas muy dirigidas, pensadas para que una persona concreta se decante por una opinión u otra.
Ya lo vimos con Cambridge Analytica y las campañas políticas en Estados Unidos, pero estoy seguro de que nos bombardean con este tipo de cosas cada día y con motivos muy distintos.
Quien tiene la información sigue yendo un paso por delante. La diferencia es que ahora ese paso lo dan unos pocos, y a escala.
Por eso Europa mira a Linux
Y me da a mí que este es el motivo por el que cada vez más empresas y administraciones públicas en Europa están apostando por las tecnologías libres: pasan sus ordenadores a Linux y dependen cada vez menos de empresas de Estados Unidos y de modelos de suscripción. El estado alemán de Schleswig-Holstein está migrando decenas de miles de puestos a Linux y LibreOffice, y en Dinamarca el propio Ministerio de Digitalización anunció que se despedía de Microsoft Office.
Si no controlas el software que usas, tampoco controlas a dónde van a parar tus datos.
Yo hice ese cambio hace tiempo y por motivos mucho más prosaicos (lo conté en Mi cambio a Linux). Ahora empiezo a pensar que acerté por razones que entonces ni me planteaba.
Al final todo será nuestro y seremos felices, supongo.